El objetivo de la política

El objetivo de la política

EL OBJETIVO DE LA POLÍTICA, EL VALOR DE LAS IDEAS Y LA NECESIDAD DE PENSAR.

La política, sin eufemismos y sin vueltas tiene como objetivo, la construcción sistemática de Poder. El Objetivo es conseguir Poder. Poder que se consigue en un estado democrático con elecciones libres, transparentes. La cuestión es para que se quiere ese Poder, creo que tiene sentido en tanto podamos cumplir con nuestros sueños, esos mismos que la sociedad acompañó en elecciones libres. Y que no son sólo sueños, sino que son Ideas, Proyecto vivo para la sociedad actual.

Por eso son importante las ideas y adquieren valor las ideas. Somos lo que hacemos y hacemos lo que pensamos. Por ello, mientras más y mejor pensemos, podremos hacer mejor nuestra tarea en el ejercicio del poder. Y pensar no es en abstracto, sino que es pensamiento para la acción. Pensar… como es nuestra relación con los demás, con la cultura, la educación, la producción, el ambiente, las relaciones internacionales etc. Y eso nos define a nosotros mismos. El pensamiento propio es vital antes de ser pensados por otros, hecho frecuente en la sociedad de la tecnología de las comunicaciones. Y ese pensamiento aparte de no ser abstracto, debe ser crítico, cuestionador, inquieto, intruso   y no aceptar fácilmente las verdades construidas o ancladas en verdades que puede que representen intereses, o prejuicios históricos, culturales que no se corresponden a la necesaria apertura de nuestro pensamiento. Digo esto para que lo sepan aquellos con quienes comparto grupo, en la construcción política la importancia de esta edificación de uno más uno- ladrillo a ladrillo- es fundamental, pues así se arma el nosotros. Eso da sentido a la vida, nos integra nos saca del aislamiento y nos hace crecer.

Somos lo que hacemos y hacemos lo que pensamos. Por ello, mientras más y mejor pensemos, podremos hacer mejor nuestra tarea en el ejercicio del poder

No es magia ni nada nuevo, es tan antiguo como el hombre, pero al decírnoslo, quizás nos compromete más con nosotros y con los otros. Especialmente quienes hemos abrazado la causa de la política.

He aprendido que hacer una sociedad justa, no es sólo un trabajo político, pese a que la política esté involucrada. Hay mucho por lograr si conseguimos abordar los problemas de nuestra vida común incorporando pensamientos ajenos a la política.

No me refiero a los trabajos académicos o técnicos que suelen no llegar a destino, sino a mil formas de experiencia y búsqueda que la sociedad ha multiplicado en los últimos años y que son parte de la riqueza cotidiana, pero no suelen proyectarse sobre la función pública, o que no suelen hacerlo con toda la libertad con que sería deseable, por la misma rigidez y cerrazón del sistema político.

Si la política no es algo más que lo que ella misma implica, no vamos a ningún lado. El sistema político, que la representa debe entender que es más amplio el espectro de lo que ella implica y estar abierto a nuevos modos de expresión de la comunidad.

Creo en las ideas, y en la batalla por las ideas pues ellas nos constituyen y son fundamentales para afrontar la acción con un sentido claro.

Pero no es desde la rigidez ideológica de donde cabe esperar el brote de una Argentina mejor. Tiene más sentido aludir a la sabiduría y solidaridad popular; a esa energía que emerge como una fuerza animadora invisible y que no encuentra aún un camino político claro. Debemos hacer un esfuerzo por encausar esa fuerza popular. 

Así es que la política no puede monopolizar esa salida, pero es su deber liderarla, y para ello se requiere de una férrea y sólida construcción humana; en equipo, con pertenencia, compromiso, conducción, ideas, objetivos claros y sentido de lo colectivo.

Esto requiere de conducción en su sentido más amplio y generoso, no de liderazgos “ungidos” que se presentan a sí mismos como la única alternativa de justicia y reivindicación para el proceso histórico de una sociedad.

Para nada es escribir sobre lo abstracto y con ello buscar escapar de lo concreto y terrenal, al contrario, es apelar a lo que somos o aspiramos a ser, y con esa plataforma gigante que es el Peronismo, que vive en el corazón no solo de los mayores sino en los jóvenes sin historia, porque el Peronismo no es otra cosa que una interpretación de permanente vigencia con acción transformadora, en la historia de la Argentina. Somos eso, conciencia de lo actual, y al ser conscientes de eso, somos personajes relevantes para producir cambios. Y es acá donde cada uno de nosotros debe si así lo quiere ser un líder en su espacio de pertenencia, con las habilidades, ideas, inteligencia y capacidad de maniobra que cada uno tiene  para que eso junto a otros, sea masa crítica y de allí construcción colectiva, y ese ejército armado de vocación y compromiso se apreste a dar batalla, con los defectos e impurezas propias de nuestra categoría humana, pero con nuestras banderas altas o selladas a fuego en el corazón que nunca dejan de ser actuales.

Esas banderas que se sintetizan en la Justicia Social y que para alcanzarla o hacer ese intento permanente se logra en tanto tengamos independencia económica y soberanía política dentro del contexto mundial hoy más dinámico que nunca. Esas banderas más vigentes que nunca y han adquirido mayor volumen político en tiempos de indiferencia planetaria, hostilidad y desigualdad mundial. Puede ser que, por la constante demanda de derechos, los nuevos comportamientos sociales, adquieren otro formato, pero en esencia son esas las banderas que nos otorgan identidad política. Saber de dónde venimos, tener conciencia de hacia dónde vamos nos construyen como Proyecto, que nos compromete, nos emociona, nos sensibiliza otorgándonos atributos para que se hagan realidad con vocación mayoritaria no solo por ganar elecciones sino por ser capaces de incluir y de comprender al conjunto de la sociedad

Nuestra identidad Peronista, por su propia naturaleza nos convoca a reconocer al otro, a respetarlo más aún es importante para nuestro crecimiento conocer compatriotas con opiniones diferentes. El anhelo de la Comunidad Organizada está tan vivo como en 1949 y es parte del desafío como Movimiento Político.

Sepan que no lo hago desde la ingenuidad que me ponga en comodidad literaria, sino desde la reflexión que entusiasme y que sea lo suficientemente útil, en especial para las generaciones de jóvenes que están comprometidos en este futuro,   para poder con las herramientas que provee el sistema político, convocar, escuchar,  avanzar, construir, generar confianzas, despertar voluntades, acumular virtudes, resolver debilidades, conflictos , tensiones,  dando  el verdadero espacio a nuestras ambiciones personales, pero por sobre todas las cosas intentar ser consecuentes, y tender hacia el testimonio de lo dicho con lo hecho o sea dar el ejemplo( léase tender, es un camino, que en mi experiencia no he podido recorrer todo su trayecto…..siempre falta, y eso lo hace atractivo, sino pierde el encanto y la propia fantasía). Dar el ejemplo. Eso sintetiza la coherencia.

Y ser conscientes y tener la perseverancia y vocación que ni la Justicia Social, ni la Libertad son un punto de llegada, son puntos de acción permanente, por la dinámica de la propia naturaleza humana y la sociedad, siempre hay una demanda de Justicia social o de libertad que hay que atender. Es acción permanente. El ejercicio de la política no tiene final en la tarea cumplida. Siempre falta.

Creemos en lo que hacemos,   y sobre todo en la franqueza y buena fe de todos y cada uno  de los compañeros con quienes a los largo de la vida hemos edificado esta relación política y  que abrazamos esta causa , reitero en especial las generaciones entrantes, donde  los andariveles que tenemos son los mismos o muy parecidos, y eso nos permite, juntar para acumular fuerzas una vez reflexionadas para” hacer y hacer y hacer  ”son los hechos los que producen las transformaciones y por eso hay que hacer lo que sea necesario para cumplir los objetivos, a como dé lugar dentro del impiadoso sistema político, en el que estamos sumergidos y que somos parte más o menos de su estadío, de baja estatura, pero creo que vemos  y sabemos  que sólo salimos con grandeza.

La personalidad de Nuestro Pensamiento y Movimiento es conquistar en el espacio de la política, el corazón de nuestros semejantes con las Ideas y nuestro pensamiento que tenemos, pero con la sencillez de la » grandeza».

Grandeza que, encarnada, en el contexto histórico, en el ser humano situado, concreto, que trabaja, sufre, vive, lucha, la hace a la grandeza un fenómeno político, pues se refiere no al hombre solo, sino al hombre en su comunidad no alejado de ella. Esa grandeza, que encarnó el Peronismo y que lo encarna, por tanto no es  abstracta ni destinada a un ser indeterminado, sino todo lo contrario, una Grandeza que es en sí misma conciencia histórica, del hombre que cotidianamente vive y en especial con mayor énfasis y necesidad en los pobres, que no son una categoría sociológica, o una división de una clase social, sino que son quienes muchos de nuestros compatriotas   ostentan el adjetivo de “marginados”  y que su destino de seguir el mundo en esta dirección implica la desintegración de la integridad humana. Esa es nuestra lucha, la verdadera lucha no para discutir los números de los pobres, no importan los que sean, hagámonos cargos porque deben tener soluciones, tampoco hace falta ser pobres para esa lucha, hace falta hacer lo que sea para mejorar esas condiciones y no mirar hacia otro lado repito no miremos para otro lado.

Decía Gandhi, la oración sirve si se hace con caridad, para nosotros vale reflexionar, pensar y sirve si se hace para Hacer, Actuar sobre esa realidad y vuelvo, dando el ejemplo.

Es esa misma grandeza que Perón, junto a Evita legaron hace más de 70 años y que está intacta, a pesar de la violencia, la negación, el intento de olvido, el plagio, la traición, los impostores de siempre, los usurpadores, porque esos corazones donde caló profundamente son y serán millones muy a pesar del paso del tiempo. Esa es la verdadera muestra de la “grandeza” que cosecha reciprocidad, que es la mejor recompensa en esta noble actividad.

A esta grandeza nos debemos en cada lugar, donde nos toque, para ser mejores y constructores del cambio que nuestros semejantes necesitan. Esa es la verdadera muestra de la “grandeza” que cosecha reciprocidad, que es la mejor recompensa en esta noble actividad.

Hoy afrontamos nuevamente conducir los destinos de la Argentina . Son oportunidades para la inteligencia y la voluntad. Se terminó la época del revoleo de banderas y hace tiempo comenzó el tiempo del rigor, de la inteligencia, del estudio, de la elaboración, de la transformación, de la capacidad crítica, ideas, pensamientos para la acción concreta

Creo que se debería terminar el tiempo de tantas palabras y demasiadas explicaciones y florecer la capacidad de entender la realidad para cambiarla, que siempre es más difícil que relatarla.

No se trata de sacarnos las ganas con bronca, con rencores , ni con la indiferencia, ni con las advertencias realizadas, sino de ir hasta el fondo con el optimismo de nuestra vocación mayoritaria y el contenido de nuestro Proyecto. La etapa que se viene o que hemos iniciado hace días será políticamente llena de oportunidades para cumplir con nuestros valores inalterables, y llena de aristas que corregir, rumbos que revisar, actores nuevos , propio de la naturaleza de la política pero con la extraordinaria amplitud de formas que toma el Peronismo en cada ocasión. Esto recién empieza.

Y retomando que a esta Grandeza, fuimos convocados cuando abrazamos esta causa, unos antes, otros durante y otros después, no importa cuando, sino cómo esa Grandeza, convertida en Proyecto Nacional, nos siga perturbando hasta no poder encontrar ese destino común. Sino la política habrá sido un paso sencillo de cómoda convivencia.

                                 

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